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las 4 lunas y la lactancia.

Actualizado: 31 mar

una historia que enmarca las 4 fases lunares.




En plena luna nueva, oscuridad sin camino, una mujer aparentemente se vestía de confianza, en un acto de altruismo para quienes acompañan su historia de parir en casa, esta mujer se recordaba a ella misma viviendo toda su vida en desconfianza, por primera vez había hizo consciente de esta decisión.

Unos meses atrás en plena gestación de su segunda hija llega el recuerdo de infancia de esa primera que la llevó al banquillo de la víctima, ese mismo del que se hizo dueña durante 20 años, se desarmo por completo y quedó sin nada, sus tetas dolían se agrietaron; ante muchos y como referente de maternidad parecía estar en pie en la lucha, una lucha que en realidad la había roto y dejado en cero por completo su vida.

En sus muchas búsquedas por hallar solución a lo que desde la referencia de su cuerpo físico dolía, Encuentra un hombre quien le enseña a lactar desde posturas anatómicas basadas en su propia anatomía, quien iba a pensarlo, no lo hizo la asesora de lactancia. Lo hizo el odontopediatra, y el Frenillo interdental de su hija no fue intervenido, pocos días después su hija fue hospitalizada por una bronquitis, sus pulmones gritaban lo que la madre vivía en silencio. 2 meses más tarde está mujer por casualidades de la vida, se entera de una relación paralela de quien hasta ese tiempo era su pareja y padre de sus hijos, bendita Luna nueva que antes de finalizar pones más tierra para el fruto que de allí se creaba como decisiones para momentos futuros.

Una separación después de 9 años enmarca el final de la luna nueva y el inicio de la luna creciente, creativa y movilizadora luna, le permite a esta mujer reinventarse en cada paso y reconocer el síndrome de reinaut como una oportunidad para reconocerse en la historia más allá del dolor, más allá del signo, más allá del síntoma, más allá de las tetas.

El dolor se fue, el síndrome también, y las tetas empezaron por fin a sentirse liberadas y en placer, así dio pasó a la luna llena de la lactancia, sin reservas, sin medidas. Sin horarios, sin limitaciones, sin trapos, sin sostén, sólo siendo y reconociendo la luna en ellas dos, en ese reflejo que les permitió comenzar realmente a reconocerse como mujer.

Llega la luna menguante de la historia, oscura y con muchas posibilidades de camino, la alimentación complementaria era un existo, aún así en el final de este primer ciclo decidieron ir 4 lunas más, un ciclo lunar más conectadas en el reflejo de ser mujer, de ser placer, de ser historia, para cerrar una menguante ofrenda do a la tierra cada última gota y cada decisión tomada desde allí.



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