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Parir en placer.

Actualizado: 31 mar

Un relato de parto a través de mi historia, a través de mis propios ojos.

 


Soñé parir en casa; desde que tenía 18 años ya fantaseaba con el parto acompañado por matronas, aun cuando la ciencia médica años atrás me decía que no podría tener hijos, en mi pensamiento fantasioso para ese entonces se concebía: que los 27 años sería la edad perfecta para parir.


y como los cuentos de hadas, brujas, duendes y princesas, así se dio, tras una experiencia dolorosa de una cirugía y una enfermedad en mi hígado, que me llevó a remar mar adentro en mi propia existencia y decisiones de la vida, llegaron mis 27 años y con ellos la noticia de la fertilidad de mi útero y una semilla gestándose en él.


Por diferentes circunstancias en ese tiempo la decisión fue parir en institución de salud, puedo decir: que tuve un parto lleno magia y acompañamientos llenos de placer, además de transitar el dolor y la sensibilidad a flor de piel por los sentires de quienes me acompañaban, este fue un parto consentido, manipulado, maniobrado y medicalizado.


A ratos llegaban las voces externas de no ser capaz sin epidural, pero mi decisión era clara ante la no epidural y así fue respetada. ¡reitero: la manipulación, maniobras y medicalización, fueron consentidos!; es acá donde llega mi primera reflexión: el respeto en el parto va más allá de las acciones, el respeto en el parto esté ligado al acompañar las decisiones, sea cual sea.


Esta experiencia fue la puerta que abrió las oportunidades reales de mi propósito de vida, me recordó el amor en todo lo que existe, me recordó que yo misma puedo ser bien amada por mí, que solo me necesito a mí y disfruto el amor que me ofrecen desde afuera cuando así corresponde, por eso desde el mismo momento que inicie el camino de esta historia dije, que mi hijo Juan Esteban era un verdadero maestro del amor y así lo sigo viendo, el amor en todos sus matices.


15 meses después del parto llega mi segunda historia de maternar, esta vez la zozobra era el plato fuerte de este caminar, y con la zozobra también llegó la madre culpa, una parte de mi sentía gran felicidad, otra parte sentía culpa porque observaba el amor de madre dividido, después de vivir tantas cosas mágicas con mi primer hijo ese que en cada paso de estos meses de acompañarnos me hacía vivir de nuevo.


Con la zozobra y la culpa llegaron algunas infecciones que acompañaron la decisión dolorosa para mi de destetar, si, a veces por más historias románticas que tengamos en medio del destete respetuoso, el espejo se quiebra y nos muestra la única realidad existente, la no fantasiosa, la real, la propia.


Después del tiempo hemos valorizado juntos esa decisión resignificando lo que ha sido necesario, ¡ahora sí! pasemos a hablar de mi segunda gestación y mi segundo parto: cuando Brisa llegó fue así tan sutil como la brisa y tan contundente como el huracán que también es conducido por la brisa, me llevo a mis recuerdos más oscuros, a esos que deje en la caja negra sepultados durante 2 décadas y con el recuerdo también me llevó al reencuentro con mi ser mujer, ¡me deleita pensarlo y recordarlo!.


Con mi segundo tiempo de maternidad, no dude un instante parir en casa, llene mi cabeza, mi hogar y mi familia de todas las historias posibles para hacer realidad este sueño de años atrás, en mi ser había un solo convencimiento: “la decisión de parir es mía y yo puedo parir sola o en compañía” esa era mi frase que se convirtió en mi decreto plasmado en mis paredes y en mi memoria, una planeación con organigrama y funciones delegadas,¡ jajajaja!, como si el parto fuera una obra de teatro libreteada y actuada.


Llegó el día del parto y la comunicación con quienes hacían parte del libreto no fue efectiva: una pérdida de un celular, unos gatos que se comieron cables telefónicos, otro celular dañado y unos niños que silenciaron todas las alarmas, al parecer quien dirigía la obra no era yo, ni mi mujer profesional que a través de una tarjeta llamada cardex sabía que controlaría en un turno asistencial.


Parí en casa, como una loba, como una hembra de poder, hincada en el cuello del padre con la certeza de parir con o sin acompañamiento, llena de éxtasis, moviendo las caderas y siguiendo mis propios ritmos y así llega mi segunda y última reflexión: los ritmos de un parto los acompasa la madre y el o la hij@ que está naciendo, así que los únicos protagonistas de la historia de un parto son la madre y su hijo, los demás son importantes pero no indispensables.


Ser acompañada en gestación, parto y postparto me permitió reconocer lo mucho que se deleita mi alma al acompañar en estos procesos, como guardiana de la vida y de la muerte, acompañando también la valorización de cada una de las decisiones.


Cuéntame tu historia...

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